Cómo identificar las emociones propias y reconocer las emociones de los demás
Autoconocimiento

Cómo identificar las emociones propias y reconocer las emociones de los demás

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La gestión emocional es una asignatura pendiente para muchas personas. A veces por miedo, otras por desconocer su importancia o por despreocupación, no prestamos a nuestras emociones la atención que merecen. Lo mismo ocurre, en ocasiones, con el resto de personas. Identificar nuestras emociones y las de los demás nos ayudará a disfrutar de mayor bienestar y de relaciones interpersonales más sólidas.

Las emociones son diferentes estados afectivos que experimentamos a lo largo del día y que, a veces, nos cuesta describir. Seguro que sabes qué es el miedo, la tristeza o la rabia, pero, ¿sabrías dibujarla? Estos estados son reacciones a las situaciones que nos rodean, y conocerlas es fundamental para poder gestionarlas.

En este artículo vamos a ver cómo puedes aprender a identificar las emociones, ya sean las tuyas propias con las del resto de personas. Esto te permitirá auto regular tus reacciones, ampliar tu comunicación y profundizar en tus relaciones interpersonales.

¿Cómo identificar las emociones de uno mismo?

Aprender a identificar nuestras emociones en un proceso; un camino en el que vamos también aumentando nuestro desarrollo personal y nuestro autoconocimiento. La conciencia emocional nos ayudará a desarrollar competencias personales y relacionales para mejorar nuestro bienestar.

¿Cómo puedes empezar a identificar tus emociones? Primero de todo tienes que tener en cuenta que no hay emociones malas. Todas cumplen una función vital y no debes negar ninguna. Por ejemplo, el miedo cumple la función de protección, por lo que no es negativo.

Para identificar tus emociones tienes que sincerarte contigo mismo, dedicarte un tiempo y reconocer cómo te sientes sin juzgarte a ti mismo. Estos son algunos de los ejercicios que te proponemos para ello.

  • Escribe un diario de emociones. Igual que apuntas qué te ha ocurrido hoy en un diario, también puedes tomar la costumbre de empezar a apuntar cómo te has sentido durante el día en diferentes situaciones. Por ejemplo: te has encontrado con tu jefe en la oficina y te ha dado más trabajo del que crees que puedes asumir, ¿cómo te ha hecho sentir esto? ¿Cuál es la emoción que reconoces en esa reacción?
  • Mírate al espejo cada mañana y háblate. Deja que las emociones fluyan y que puedas identificar cómo te sientes hoy: triste, alegre, motivado… Después, intenta detectar por qué te sientes así.
  • Medita. Dedícate tiempo a ti mismo, haz aquellas cosas que más te gustan, date un respiro para explorar cómo te sientes. Qué emociones estás sintiendo, repasa algunas de las situaciones que te han hecho sentir bien o mal e intenta identificar cómo te has sentido.

Cuando logras que las emociones fluyan, que se manifiesten sin ningún bloqueo, estás empezando a tener conciencia emocional sobre ti mismo. Una vez puedas identificar las emociones, ya puedes ponerles nombre, etiquetarlas  – miedo, tristeza, ira, alegría… – y analizar en qué situaciones reaccionas de esa manera y cómo lo manifiestas al exterior. Vamos a verlo con un ejemplo.

Te has sentido mal cuando te han dado más trabajo del que crees que puedes asumir, por lo tanto, has sentido rabia. Además, al no atreverte a explicar que no puedes asumir ese trabajo te has sentido frustrado o triste. ¿Cómo lo has expresado? Te han entrado ganas de gritar, de salir corriendo o se te ha acelerado el corazón.

Identificar las emociones de los demás: ¿cómo puedes hacerlo?

Una vez logramos identificar nuestras emociones y reconocerlas, podemos empezar a pensar en cómo podemos hacerlo también con las de los demás. Identificar las emociones del resto de personas depende de la empatía, y está, de la misma forma, muy ligado a la inteligencia emocional.

Para ello es necesario tener en cuenta que la comunicación va mucho más allá de las palabras y que las personas nos comunicamos también con los gestos, la mirada o la postura corporal. Es lo que se conoce como lenguaje no verbal y aprender a entenderlo te abre las puertas a identificar las emociones de otras personas.

Para empezar a reconocer las emociones ajenas tenemos que ser conscientes de cuáles son las reacciones no verbales más comunes a las emociones. Te dejamos aquí algunos ejemplos:

  • El nerviosismo se expresa, por ejemplo, con el movimiento continuo y rápido del pie o de la pierna; mediante gestos como morderse los labios o las uñas.
  • La tristeza se transmite, sobre todo, mediante los ojos y los gestos de la cara: tener la mirada baja, los ojos brillantes, las cejas anguladas hacia arriba, por ejemplo.
  • La alegría se expresa también mediante los ojos, que están más abiertos, los pómulos se elevan y se sonríe.
  • El miedo se expresa mediante una reacción corporal, sobre todo, como puede ser temblando, tensionando los músculos y levantando las cejas. A ello le puede acompañar la reacción de quedarse muy quieto sin poder moverse, por ejemplo.

A la hora de identificar emociones del resto de personas es fundamental trabajar una comunicación que incluya también la escucha activa. Así, lograrás entender mucho mejor qué es lo que tu interlocutor está intentando expresar y podrás reconocer sus emociones.

¿Por qué es beneficioso aprender a identificar las emociones?

Ya sean las propias o las ajenas, identificar las emociones nos ayuda a tener un mejor bienestar y a ver la realidad que nos rodea desde otra perspectiva. La conciencia emocional nos otorga la posibilidad de gestionar mejor las situaciones difíciles a las que nos tenemos que enfrentar, las relaciones interpersonales y nos ayuda a conocernos en profundidad.

  • Las dinámicas de autoconocimiento para reconocer tus emociones te ayudan a descubrir aspectos, características y fortalezas que en las que nunca habías reparado.
  • Es una forma de mejorar también tu autoestima porque te miras sin juzgarte, haces un reconocimiento sincero de tus emociones y tus reacciones sin necesidad de calificarlas como buenas o malas.
  • Te ayuda a tomar mejores decisiones porque te invita a reflexionar sobre qué situaciones sabes gestionar mejor y cuáles prefieres evitar.
  • Te ayuda a mejorar tu autocontrol ante situaciones que te pueden provocar una reacción fuera de lugar, ya sea mediante una emoción agradable, como puede ser una alegría desmesurada por un hecho indiferente, así como con emociones desagradables, como, por ejemplo, la ira.
  • En cuanto a las relaciones interpersonales, ya hemos hablado de ello anteriormente, ayuda a que sean más profundas, con una mejor comunicación y contribuye a evitar conflictos. En el caso de que los hubiera, además, ayuda que sean más fáciles de gestionar.
  • Aprenderás a desarrollar empatía e inteligencia emocional, lo que te será muy útil en todos los aspectos de tu día a día.

Recuerda que para empezar a identificar emociones propias y ajenas tienes que empezar por dejarlas fluir sin juzgarlas. Una vez hayas detectado cuáles son, puedes ponerles nombre, categorizarlas, y entonces buscar de dónde viene esa reacción emocional.

Identificar las emociones te ofrece la llave para muchos aspectos que te llevarán al desarrollo personal, pero también profesional. No dejes que las emociones controlen tu vida, reconócelas, aprende a gestionarlas y utilizarlas para llegar a cumplir tus objetivos vitales.